A través de las lágrimas mis pasos resultan difusos.
Miedo a la vida
Miedo a la muerte.
Buscando algo u alguien que me haga salir de mi indecisión.
Supongo que aún con esperanzas... sigo caminando. Pero cada día estoy más cansada, cada día más sedienta de una sonrisa o una palabra de aprecio, más desesperada buscando sueños.
Vivo atrapada en la tempestad de los pensamientos inconclusos
Que caen como granizo aporreando mi cabeza
Para después derretirse y no dejar nada.
Nada más que el agua de las lágrimas que empapan mis mejillas.
¿Por qué dentro de mí hay alguien que no soy yo que grita?
No quiero escucharla más.
No quiero oír sus quejas, no sus insultos ni sus penas.
No quiero contaminarme de sus pocas ganas de vivir.
Cuando quisiera encontrar la muerte y no la hallo...
Una leyenda del desierto cuenta la historia de un hombre que iba a mudarse de oasis y comenzó a cargar su camello. Puso los tapetes, los utensilios de cocina, los baúles de ropa... y el camello soportaba todo el peso.
Pero cuando iba saliendo, se acordó de una hermosa pluma azul que su padre le había regalado.
Decidió buscarla, y la puso sobre el camello. En ese momento, el animal se desplomó por el peso, y murió.
Y así, el hombre, pensó: "Mi camello no aguantó el peso de una pluma"
Muchas veces pensamos lo mismo de nuestro prójimo, sin entender que, nuestra broma, puede haber sido la gota que derramó la copa del sufrimiento.

Hoy es uno de esos días en los que la aflicción me invade y quisiera dejarme llevar en brazos de Hades. Mi mente se encapricha con la idea de la no existencia y contempla, ensombrecida, la vida del resto. Afanándose en agarrar lo mejor de los demás, tan sólo ve, criaturas pequeñas en un mundo grande, a quienes el hado debiera guiarles al mismo lugar que a mí. No soy diferente del resto. Es triste. No por mí, que me he desvivido por ser diferente. No por mí que acepto mi condición de copia, de máquina, de ser insignificante. Sino por ellos. Por todos. Por no darse cuenta de nada, por creerse alguien. Por los que se comparan con los débiles. Por los que se comparan con los fuertes y viven apesadumbrados. Por los que ni si quiera se comparan, muertos antes de morir, sin aspiraciones, sin ilusiones, sin objetivos, sin metas. Por mis amigos y conocidos también siento pena. Pena por no saber calmar el sufrimiento que me condena, y condenarse así mismos a tener miedo de lo que pudiera llegar a hacer.
No os preocupéis. Mi vida va bien. No tengo problemas. Mi hermano no me insulta, pues nunca me habla. Mis padres viven cansados, y cansadas regañinas me lanzan.
Vivo en mundo que corre sin saber a dónde van. Nadie gana la carrera jamás.
Vivo... soñando que no vivo. Pues el vivir me mata y cuando sueño vivo.
Busco problemas en la gente, para no tener que pensar en los míos casi inexistentes.
Idealizo a las personas quitándoles esa débil acepción, transformándoles en dioses, que, pronto, pierden sus alas y caen al mundo de la realidad.
Miedo al miedo. Miedo a mí misma. Miedo de ser quien soy y de no ser quien no soy.
¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué?
La gente siempre está buscando explicaciones a todo, sin saber que no todo tiene un por qué. ¿Por qué la gente se pregunta? ¿por qué?