1.- Morir.
Siete historias independientes que culminan con la muerte de uno de los protagonistas. Un director de cine que quiere salir de su bache creativo. Un heroinómano que no se resiste al caballo. Una niña que se ahoga con los huesos del pollo. Un enfermo que no alcanza el botón de alarma del hospital. Una histérica que se atiborra con pastillas y Agua del Carmen. Un joven motorista atropellado por la policía. Un ejecutivo víctima de un asesino a sueldo.
2.- No morir.
Las siete historias se encadenan, en clave de humor, en una sola: nadie muere y todos los personajes tienen relación entre ellos. Tan sólo cambiando un detalle.
Lo que muestra, que un sólo detalle, tan sólo un único detalle.. puede cambiar la vida de una persona.
1.- REGALAR una sonrisa cada día. Con ella te sentirás feliz tú y quien la reciba.
2.- SOÑAR Y VOLAR. Aunque nuestros pies toquen la Tierra.
3.- LLORAR cuando una nostalgia o tristeza, te lo pida. Una lágrima no es debilidad, ayuda a recuperar una sonrisa.
4.- PERDONAR tus propios tropiezos y de los demás. Lo Importante es darte y dar la posibilidad de pararse y volver a caminar.
5.- INTENTAR todo lo que sientas latir en tu corazón y en tu alma. Confiando que te hará feliz.
6.- VALORAR los pequeños como los grandes regalos que te dé la vida. Juntos llenarán tu corazón de felicidad.
7.- GUARDAR cada enseñanza recibida, cada afecto compartido. Como tesoro que por siempre te harán sentir vivo.
8.- DESCARTAR aquello que pueda hacerte daño o sepas que no tiene sentido.
9.- RESCATAR todo lo que te permita crecer y ser feliz en familia y con amigos.
10.- COMPARTIR con todos los que te rodean, lo mejor de ti y sentir que vale la pena creer, soñar y vivir por un mundo mejor
Escrito por Marco Antonio Guízar Ponce

Aún estoy perdida sin saber qué hacer. Mis manos golpean el teclado frenéticamente tratando de obtener respuesta a ésta momentánea sensación de alegría. Puedo hacerlo. Puedo ser feliz.
Hoy no he salido a la calle por miedo a que algún estúpido, con sus ideas absurdas, me quite esa idea de la cabeza. La idea de que puedo ser feliz. Así que, aquí estoy. De nuevo delante de la pantalla, con una mueca de irrisoria alegría, ni siquiera visible al ojo humano. Pero ahí está, yo la noto, sé que tiene ganas de salir, que está dentro de mí.
No hay razón alguna para que yo deba sonreír. ¿Y qué? Tampoco encontraba razón alguna para ser una infeliz, y ahí estaba, tirada en la cama, llorando, pensando en la muerte una y otra vez.
¡Basta ya! Algo habrá que sepas hacer bien. Y si no ¿qué más da? Existen objetos que no sirven para nada, incluso que son feos y las gentes los tienen en sus casas. Tal vez tú sirvas para llenar el mundo. Estás aquí como podrías estar en cualquier otra parte. Pero estás aquí. No lo olvides. Así que... haz algo al respecto.
No voy a convencerte para que finalices esa mueca que se gesta en tu interior. No. No voy a convencerte de nada. Quiero que sigas haciendo lo que te dé la gana. Pero quiero que, lo que te dé la gana, sea para ser feliz o ser mejor. Si no cumples ninguno de esos requisitos... no te esfuerces. Haz lo que quieras pero no te esfuerces.
A lo mejor, ni siquiera tú, alma que guías mis impulsos para escribir lo que escribo, me comprendes. A lo mejor no entiendes que, pese a todo, quiero ser feliz.
He emprendido erróneamente el camino. Ha pasado el tiempo y he avanzado en la dirección equivocada. Completamente equivocada. Ahora tengo dos opciones, retroceder, o emprender un camino de vuelta distinto. El camino de retroceso ya me lo conozco, no me aportaría nada, así que... elijo el otro, el desconocido, el que no me lleva a ninguna parte, el misterioso, el que me puede volver a hacer equivocarme.
Si sonrío y río, no busques el por qué.
De nuevo decido buscar la felicidad aunque me cueste la vida.
