La Coctelera

Categoría: Escribiendo amor

1

Amor desobediente

Él, tú y yo.

Noche, alcohol, fiesta... Una chica bonita: yo. Un lugar oscuro y apretado: aquella discoteca. Un hombre que cumple años: él. Apenas él siquiera lo sabe, pero yo ya me he ofrecido como regalo. Sé que caerá tarde o temprano entre mis brazos, aunque desconozco la clase de chico que es. Le confundo. Le sorprendo. Le defraudo. Le atemorizo. Le cautivo.... Completamente confundido, sin ningún ánimo de conseguirme, me arrastra hacia él. Teme mi reacción, pero yo no opongo resistencia. Deshago el lazo que envuelve el regalo y le entrego mi cuerpo. Tan sólo es carne. Más tarde, nos quedamos él y yo solos en el coche. Caricias, besos... Noto como su respiración se acelera y a mí me entra la tristeza. Porque yo no siento nada hacia él. Tengo la sensación de estar interpretando un papel. Por mi parte no hay excitación, ni magia, ni estremecimiento... no hay nada. Y por eso me acuerdo de ti, ladrón de mis pensamientos. Y me sorprendo añorando tus besos, tus caricias, tu aliento, tu boca, tu cuerpo, tu voz... Y sigo sabiendo que no te lo mereces.

0

La insoportable levedad del ser

Nuevamente caigo, arrebatada de la razón, en brazos de quien no me pertenece. Si bien soy consciente de cada instante, de cada segundo que me alejo de mi propia voluntad, me siento incapaz de no aferrarme a aquel cuerpo que despierta en mí grandes deseos. Incapaz de sobreponerme al influjo de atracción que se vincula entre tu cuerpo y el mío. Aprieto fuertes los labios. Trato de no entregarme a la ternura que se desprenden de los besos. De las lenguas que juguetean a entrelazarse. Trato de extinguir la creciente excitación que me produce el suave contacto de tu piel.
Juego. Juego a controlar una situación que tiende a controlarme. Juego a estimularte con el fin de conseguir que tu miembro crezca. Juego a provocarte el deseo. A exhalar mi cálido aliento sobre la humedad de mis besos en tu cuello. Me recreo recorriendo tu cuerpo entre besos y caricias. Suavemente paso mis labios sobre los tuyos, provocándote aún más ganas de besarme. Provocándome más ganas de besarte.
Me excita excitarte.
La tranquilidad que poseía mientras contemplaba el atardecer recostada en el asiento del copiloto a unos pocos centímetros de ti... se pierde. Me pierdo. Comienzo a no tener claras mis intenciones. Tú insistes en besarme y yo vagamente en rechazarte .
Te hablo de cuánto deseo ese beso. Te comento, lo poco que lo quiero.
La insoportable levedad del ser. Incapaz de aunar sentimientos y razón. Quisiera quererte tan sólo como tú me quieres. Quisiera que me quisieras como yo te quiero. Pero así, encontrándonos ambos a distinto nivel emocional, ni quiero quererte, ni quiero que me quieras. Porque me hace daño.

Disfruto del primer beso. Sin embargo, el resto se suceden casi mecánicos, incapaz de detenerlos, movida por la naturalidad de un reencuentro entre tu lengua y la mía. Como si ambas tuvieran tantas cosas que decirse,que fueran incapaces de escuchar a los demás. A mi corazón que también habla y comenta lo mucho que le duele esta situación pese a disfrutarla.
Y otra vez... uno de tus desagradables e inoportunos comentarios.
Y después de herirme el alma te justificas antes de perdir perdón.
Aunque de nada servirán tus palabras cuando el daño está hecho, de nada servirá cuando nuevamente te desprecio.

3

No es una relación sana

Siento la necesidad de decir aquí, lo que no digo en ninguna otra parte.
Me siento ridícula. Sí. Ya me advirtieron: no es una relación sana... ¡pues era verdad!
Jamás fui celosa. Supongo que tampoco tuve ningún motivo para estarlo. Pero ahora... ahora que no eres mío aún cuando nos deshacemos en besos y abrazos, ahora que somos libres, no puedo evitar sentir algo por dentro, entre tristeza, impotencia y miedo, cada vez que me dices que has quedado con otra.
Deseo olvidarte por completo.
No eres fruto de mi tristeza, pero eres el viento que aviva la llama. Y odio esa sensación de estar a expensas tuya. Como si pudiera estar para ti a tu antojo. Marioneta de tu vida.
Y no es justo. Yo no puedo permanecer así.
Te olvido. Para siempre.
Tal vez te extrañes de que sea yo quien, ahora, haya decidido no prestarte atención. Lo siento, no puedo estar expuesta a sufrir en una época en la que estoy tan inestable. No puedo. No quiero.
La Tira de bit& byte

0

Un amor ganado tras perderlo

Mañana he quedado contigo y estoy impaciente.
Vuelve a unirnos el amor que un día nos separó. Y ésta vez ya no pretendemos aferrarnos el uno al otro como antes. Ahora tú buscas en mis besos complicidad y cariño. Y yo busco en tus brazos protección.
Ya no hay futuro que nos preocupe. Tampoco ilusiones compartidas.
Sólo nosotros dos. Nuestra historia.
No demos explicaciones a nadie de por qué volvemos el uno al otro cuando todo terminó. De por qué, después de tanto odio, tan sólo quedó el amor.
Y aún buscamos ese hombre o mujer ideal, el príncipe azul del cuento de hadas. Lo buscamos en otros, porque en nosotros no lo supimos encontrar.
Pero aún así, algo dentro de mí se agita cuando te oigo al teléfono reconocer que me quieres besar. Y yo no puedo ocultar mi deseo de corresponderte. De amarte aunque tan sólo sea durante unas horas.
Después... volverá el silencio.
Yo seguiré conociendo a otros hombres y tú a otras mujeres. ¿Y qué?
Tal vez nosotros no estemos hechos el uno para el otro, pero sí lo están nuestros corazones.